lunes, 20 de abril de 2015

Biblioteca Popular Bernardino Rivadavia

Tratando de lograr que la historia de la Biblioteca Popular Bernardino Rivadavia se concentre en un solo tomo, transcribo apuntes recopilados por Catalina T. de Lira en 1.966, para este fin.
Con la reorganización de la Biblioteca, en 1964, Leira ocupada en acondicionar el archivo, junto con la decidida y generosa colaboración de las bibliotecarias Haydeé Ogara, Manuela Palacios y Solís- se enfrentó a una tarea difícil, dado que no se encontraban en ningún lugar de la casa los elementos que pudieran conformar el más modesto archivo. No se hallaron libros de actas de asamblea ni libros de contabilidad; sí algunas planillas de libros de socios y uno que otro libro de actas de reuniones de la comisión directiva.
Ante este panorama, algunos dijeron que no podían existir esos elementos porque posiblemente esta biblioteca había sido el legado de un benefactor y que ya tendría cumplida su misión. Pero continuando con la búsqueda entre un montón de viejos y casi destruidos folletos de diversas índoles, encontraron un libro copiador de cartas, el N° 1, en el que figuraba una nota escrita por la misma comisión directiva, dirigida al Presidente de la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares, en el cual se comunica la creación de esta biblioteca.
Este hallazgo les dio la seguridad de que la Biblioteca Popular Bernardino Rivadavia ha nacido de una asamblea pública; y, entonces, se dedicaron a buscar el acta de fundación, labor que resultó infructuosa.
En este punto de la tarea, el docente Díaz Corrales, ex director de la Escuela N° 1 Benjamín Zorrilla, recordó que en la biblioteca de ese establecimiento se conservaban todos los ejemplares del periódico El Colono, que fundó y  dirigió en los primeros años del siglo XX Rodríguez Román, y surgió la idea de consultar sus páginas, donde quizás hubiera alguna referencia sobre el particular.
Deseando conocer los orígenes y con el fin de conseguir los datos que sirvieran para componer la historia de esta biblioteca, Catalina de Leira se ofreció ante la comisión directiva para indagar en las páginas de aquel periódico.
La búsqueda no fue en vana. Por el contrario, fue esclarecedora. Y ante tanta evidencia de ese pasado que revelan las crónicas, junto con los comentarios que expresaban antiguos lectores, primeros estudiantes de la Escuela Normal o ex integrantes de asociaciones del medio, descubrió que la creación de esta Biblioteca Popular Bernardino Rivadaviatiene un significado que en la historia de Resistencia merece destacarse como uno de los tantos gestos de generosidad con los que los hombres de esta zona han contribuido a la realización der las obras de bien público. Más que el significado material, tiene profundo sentido espiritual, pues es el resultado del sueño de esos hombres, la expresión de un anhelo  que se convirtió rápidamente en realidad. 

Hacia 1909 se hacía notar la imprescindible necesidad de una biblioteca popular. Ya había mucha gente aquí que sabía del papel preponderante que una biblioteca de estas características puede llegar a ejercer en un ambiente en formación, por la labor que desarrolla en la educación del pueblo, transformando al libro en un elemento vivo.
Las pocas escuelas que funcionaban entonces cumplían la loable misión der instruir a la niñez; pero los adolescentes que egresaban de ellas, faltos aquí de establecimientos donde encontrar los medios de extender y ampliar esos conocimientos, se resignaban a dejar insatisfechos esos anhelos y se entregaban a las tareas rurales, secundando a sus padres, o se ubicaban detrás del mostrador  de la casa de comercio que sus progenitores habían establecido y afianzado. Esa juventud sabía que por imperio de las circunstancias, le estaba vedada la incursión en el campo de estudio.
Los cambios que se producían en las esferas gubernamentales en el entonces Territorio del Chaco traían periódicamente desde otros puntos de la Argentina personal para ocupar los cargos en distintas reparticiones, entre quienes se encontraban universitarios o –los más- poseedores de una formación de escuela secundaria. Muchos de ellos, concluido el período que duraba el cargo para la cual habían sido designados, se ausentaban definitivamente, pero dejaban entre la gente que habían frecuentado el germen del convencimiento de que Resistencia necesitaba abrir las puertas a otras manifestaciones culturales que no fueran las de orden económico. Así fue como entre los más entusiastas propagadores de estas ideas se encontraban aquellos que formaron aquí su hogar y se asimilaron al ambiente. 
El progreso económico que surgía con ímpetu inusitado en esta zona despertó en la gente el afán de considerar y estudiar la posibilidad de comenzar a instalar en Resistencia centros culturales y cenáculos intelectuales que, sin ser de carácter oficial, pudieran ser sostenidos por el vecindario.
Se producían de tanto en tanto manifestaciones culturales que no pasaban del entusiasmo del momento: en ocasión de efemérides patrias, nacionales o extranjeras, con el objeto de reunir fondos para la obra de la Asociación Pro-niñez o de la Sociedad de Beneficencia, se realizaban las entonces "veladas literario-musicales", que dejaban en el ánimo del público y durante un lapso más o menos largo el sabor de la dulzura del aria o de las notas del violín o del piano que habían hecho vibrar su espíritu de emoción; a la que, por naturaleza, dado el origen de la mayoría, no podían sustraerse.
Protagonizaban estas veladas -además de los maestros y las pocas profesoras de piano- algunos jóvenes que, con más suerte o posibilidades que la mayoría, cursaban en la escuela secundaria en la ciudad de Corrientes, los empleados del Banco de la Nación, único que existía en esa fecha, los de la Defensa Agrícola o de la oficina de Bosques. El ejercicio de un cargo de funcionario de cualesquiera de estas reparticiones confería una alta valoración social en el medio, y en general lo proyectaba como un referente cultural.


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